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La Divina Comedia - Dante Alighieri La Divina Comedia Dante Alighieri · 1320
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mano, del libre albedrío y de lo casual y el moverse con vario juego todos los contrastes y lo necesario unido con el libre albedrío y el destino con la casualidad. En resumen, ¿qué clase de poesía es ésta? contiene materia épica y no es epopeya; hay una situación lírica y no es lírica; posee una trama dramática y no es drama. Trátase de una de aquellas construcciones gigantescas y primitivas, verdaderas enciclopedias, biblias nacionales; no de un género más bien que de otro, sino de un todo que contiene en embrión toda la materia y todas las formas poéticas, el germen de todo desarrollo ulterior. Por lo tanto ningún género de poesía sobresale y es explicado; el uno entra en el otro y se perfecciona en él de la misma manera que los dos mundos se identifican y no se puede decir: aquí está uno de ellos y allá el otro; así los diversos géneros están unidos de manera que nadie puede señalar los confines que los dividen y aún menos decir: esto es absolutamente épico y esto, dramático. Es el contenido universal del cual todas las poesías no son más que fragmentos; el poema sacro; la eterna geometría y la eterna lógica de la creación encarnada en los tres mundos cristianos; la ciudad de Dios, en la que se refleja la ciudad del hombre con toda su realidad de determinado lugar y época; la esfera inmóvil del mundo teológico, en la cual alientan tempestuosamente todas las pasiones humanas. La idea que anima esta vasta construcción y le infunde vida y la desarrolla, es el concepto de la salvación, el camino que lleva al alma del mal al bien, del error a la verdad, de la anarquía a la ley, de lo múltiple a lo uno. Es el concepto cristiano y moderno de la unidad de Dios sustituída a la pluralidad pagana. Si este concepto fuera solamente algo exterior, explicado en su abstracción doctrinal, como pensamiento, o presentado en forma alegórica, la imagen no bastaría para engendrar una obra de arte. Pero el concepto no es sólo externo sino interno; no es únicamente del significado y la ciencia de aquel mundo, obra de filósofo y de crítico, sino principio activo, como en el hombre y en la naturaleza, que construye y forma ese mundo y le da una historia y un desarrollo. Este principio activo puede llamarse en su abstracción lo verdadero o el bien, o la virtud, o la ley; como realidad viva y activa es el espíritu, que tiene por contrario a la materia o la carne, donde se halla como en prisión o como en un vasello de donde se esfuerza por salir. Así, pues, la vida es un antagonismo, una batalla entre el espíritu y la carne, entre Dios y el demonio. Su historia es la victoria progresiva del espíritu, su conciencia y albedrío, bajo las formas en que vive sutilizándose, descorporificándose, idealizándose hasta Dios, espíritu absoluto, la Verdad, la Bondad, la Unidad, el último Ideal. La concepción dantesca, el espíritu que anima su mundo es, pues, la progresiva disolución de las formas, un constante ascender desde la carne al espíritu, la emancipación de la materia y del sentido mediante la expiación y el dolor, el choque entre lo satánico y lo divino, el infierno y el paraíso. Homero transporta a los dioses a la tierra y los materializa; Dante transporta a los hombres al otro mundo y los espiritualiza. La materia no es más que apariencia; lo que sólo existe es el espíritu; los hombres son sombras; las acciones humanas se reproducen como fantasmas en el dominio de la memoria; la tierra misma es un recuerdo que fluctúa como una visión; lo real, lo presente es el espíritu infinito; todo lo demás es vanita che par persona. Todo se va acrisolando progresivamente; el velo se torna cada vez más transparente; el Infierno es la sede de la materia, el dominio de la carne y del pecado; lo terrenal no solamente es remembranza sino presente; el castigo no logra modificar los caracteres y las pasiones; el pecado y lo terreno se perpetúan en el otro mundo y se inmovilizan en esas almas incapaces de arrepentimiento; pecado eterno, pena eterna. En el Purgatorio cesan las tinieblas y brilla el sol, la luz de la inteligencia, el espíritu; lo mundano es un penoso recuerdo que el penitente procura olvidar; y el espíritu, separándose de lo corpóreo, tiende a la completa posesión de sí, a la salvación. En el Paraíso la persona humana desaparece y todas las formas se desvanecen y se elevan en la luz; a medida que se asciende, y mientras más se idealiza esta gloriosa transfiguración hasta llegar a la presencia de Dios, el espíritu absoluto, la forma se desvanece y no persiste más que el sentimiento: ....Tutta cessa Mia visione, ed ancor mi distilla Nel cuor lo dolce che nacque da essa. Cosi la neve al sol si disigilla; Cosi al vento nelle foglie lievi Si perdea la sentenzia di Sibilla. Este concepto comprende todo lo que se puede saber y toda la historia; no sólo construye y desarrolla el mundo dantesco sino que lo halláis siempre vivo en el camino intelectual e histórico de la vida, bajo todas las formas, en todos los problemas que se presentan al poeta, en religión, en filosofía, en política, en moral; y así se concreta y cumple en todas las direcciones de la vida. En religión, es el camino de la letra al espíritu, del símbolo a la idea, del Viejo al Nuevo Testamento; en la ciencia, el tránsito de la ignorancia y del error a la religión y de la razón a la revelación; en moral, el paso del mal al bien, del odio al amor mediante la expiación; en política, la senda que conduce de la anarquía a la unidad. Sometido a las condiciones de espacio y de tiempo, vuélvese historia; tal hombre, tal pueblo, tal siglo. En religión, está ante la Iglesia Romana, ante el papado, que el poeta quiere emancipar de los intereses y pasiones terrenales y retornar a su fin espiritual; en filosofía, encuentra la ciencia vulgar y la ciencia de la verdad en el paraíso; en moral, os halláis delante de las pasiones, las discordias, las culpas y los vicios de la edad bárbara de la cual os sentís poco a poco alejados en vuestro camino hacia el sumo bien; en política, es la Italia anárquica y ensangrentada que el poeta aspira a traer a la paz y concordia en la unidad del imperio. De este modo un mismo concepto anima el todo, en la forma, en el pensamiento y en la historia. Pero comprensión más vasta y concorde no había salido jamás de mente humana. Algunos encuentran en la Comedia el otro mundo, considerando lo demás como una intrusión, casi como una profanación; Edgard Quinet se siente choqué de ver como las pasiones del poeta le siguen hasta el paraíso; otros descubren en él un mundo político que no es más que una representación figurada. Llaman a este poema religioso o político, didascálico o moral; lo reducen a querellas de católicos y protestantes, a disputas de güelfos y gibelinos. No miran desde la cumbre del monte sino desde la llanura y toman por el todo lo que encuentran en la línea recta del camino. Cada uno se forja un pequeño mundo y dice: este es el mundo de Dante. Y el mundo de Dante contiene en todos esos mundos. Es el mundo universal de la edad media realizado en el arte. FRANCESCO DE SANCTIS. (Tomado de la STORIA DELLA LETTERATURA ITALIANA, Volume I.) INFIERNO [Ilustración] CANTO PRIMERO A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva obscura, por haberme apartado del camino recto. ¡Ah! Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva, cuyo recuerdo renueva mi pavor, pavor tan amargo, que la muerte no lo es tanto. Pero antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas que he visto. No decir fijamente cómo entré allí; tan adormecido estaba cuando abandoné el verdadero camino. Pero al llegar al pie de una cuesta, donde terminaba el valle que me había llenado de miedo el corazón, miré hacia arriba, y vi su cima revestida ya de los rayos del planeta que nos guía con seguridad por todos los senderos. Entonces se calmó algún tanto el miedo que había permanecido en el lago de mi corazón durante la noche que pasé con tanta angustia; y del mismo modo que aquel que, saliendo anhelante fuera del piélago, al llegar a la playa, se vuelve hacia las ondas peligrosas y las contempla, así mi espíritu, fugitivo aún, se volvió hacia atrás para mirar el lugar de que no salió nunca nadie vivo. Después de haber dado algún reposo a mi fatigado cuerpo, continué subiendo por la solitaria playa, procurando afirmar siempre aquel de mis pies que estuviera más bajo. Al

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