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Sonata de Invierno: Memorias del Marqués de Bradomín - Ramón del Valle-Inclán Sonata de Invierno: Memorias del Marqués de Bradomín Ramón del Valle-Inclán · 1900
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Sonata de Invierno: Memorias del Marqués de Bradomín en audiolibro - escuchar gratis

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Edición: Renacimiento, Madrid · Narración: mpinedag, LibriVox

Vista previa · Capítulo I
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Fragmento sincronizado
Como soy muy viejo, he visto morir a todas las mujeres por quienes en otro tiempo suspiré de amor: De una cerré los ojos, de otra tuve una triste carta de despedida, y las demás murieron siendo abuelas, cuando ya me tenían en olvido. Hoy, después de haber despertado amores muy grandes, vivo en la más triste y más adusta soledad del alma, y mis ojos se llenan de lágrimas cuando peino la nieve de mis cabellos. ¡Ay, suspiro recordando que otras veces los halagaron manos principescas! Fué mi paso por la vida como potente florecimiento de todas las pasiones: Uno a uno, mis días se caldeaban en la gran hoguera del amor: Las almas más blancas me dieron entonces su ternura y lloraron mis crueldades y mis desvíos, mientras los dedos pálidos y ardientes deshojaban las margaritas que guardan el secreto de los corazones. Por guardar eternamente un secreto, que yo temblaba de adivinar, buscó la muerte aquella niña a quien lloraré todos los días de mi vejez. ¡Ya habían blanqueado mis cabellos cuando inspiré amor tan funesto! Yo acababa de llegar a Estella, donde el Rey tenía su Corte. Hallábame cansado de mi larga peregrinación por el mundo. Comenzaba a sentir algo hasta entonces desconocido en mi vida alegre y aventurera, una vida llena de riesgos y de azares, como la de aquellos segundones hidalgos que se enganchaban en los tercios de Italia por buscar lances de amor, de espada y de fortuna. Yo sentía un acabamiento de todas las ilusiones, un profundo desengaño de todas las cosas. Era el primer frío de la vejez, más triste que el de la muerte. ¡Llegaba cuando aún sostenía sobre mis hombros la capa de Almaviva, y llevaba en la cabeza el yelmo de Mambrino! Había sonado para mí la hora en que se apagan los ardores de la sangre, y en que las pasiones del amor, del o

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