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La dama duende - Pedro Calderón de la Barca La dama duende Pedro Calderón de la Barca · 1629
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La dama duende audiolibro - ascolta gratis

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Edizione: Librería de la Viuda de Hernando, Madrid, 1887 (Teatro selecto, tomo III, ed. Marcelino Menéndez Pelayo) · Lettura: Karen Savage, Tux, Margaret Espaillat +6, LibriVox · Testo: Project Gutenberg

Anteprima · Capitolo I
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Por una hora no llegamos A tiempo de ver las fiestas, Con que Madrid generosa Hoy el bautismo celebra Del primero Baltasar. COSME. Como esas cosas se aciertan, O se yerran por un hora. Por una hora que fuera Antes Píramo á la fuente, No hallara á su Tisbe muerta: Y las moras no mancharan; Porque dicen los poetas Que con arrope de moras Se escribió aquella tragedia. Por un hora, que tardara Tarquino hallara á Lucrecia Recogida; con lo cual Los autores no anduvieran, Sin ser vicarios, llevando A salas de competencias La causa, sobre saber Si hizo fuerza, ó no hizo fuerza. Por un hora que pensara Si era bien hecho ó no era, Echarse Hero de la torre, No se echara, es cosa cierta; Con que se hubiera excusado El doctor Mira de Méscua De haber dado á los teatros Tan bien escrita comedia; Y haberla representado Amarílis tan de véras, Que volatin del carnal (Si otros son de la cuaresma), Sacó más de alguna vez Las manos en la cabeza. Y puesto que hemos perdido Por un hora tan gran fiesta, No por un hora perdamos La posada; que si llega Tarde Abindarraez, es ley Que haya de quedarse afuera; Y estoy rabiando por ver Este amigo que te espera, Como si fueras galan Al uso, con cama y mesa, Sin saber cómo ó por dónde Tan grande dicha nos venga; Pues, sin ser los dos torneos, Hoy á los dos nos sustenta. D. MAN. Don Juan de Toledo es, Cosme, El hombre que más profesa Mi amistad, siendo los dos Envidia, ya que no afrenta De cuantos la antigüedad Por tantos siglos celebra. Los dos estudiamos juntos, Y pasando de las letras A las armas, los dos fuimos Camaradas en la guerra. En las de Piamonte, cuando El señor duque de Feria Con la jineta me honró, Le dí, Cosme, mi bandera. Fué mi alférez; y despues, Sacando de una refriega Una penetrante herida, Le curé en mi cama mesma. La vida, despues de Dios, Me debe: dejo otras deudas De menores intereses, Que entre nobles es bajeza Referirlas; pues por eso Pintó la docta academia Al galardon, una dama Rica, y las espaldas vueltas; Dando á entender, que, en haciendo El beneficio, es discreta Accion olvidarse dél; Que no le hace el que le acuerda. En fin, Don Juan obligado De amistades y finezas, Viendo que su Majestad Con este gobierno premia Mis servicios, y que vengo De paso á la corte, intenta Hoy hospedarme en su casa Por pagarme con las mesmas; Y aunque á Búrgos me escribió De casa y calle las señas, No quise andar preguntando A caballo dónde era; Y así dejé en la posada Las mulas y las maletas, Yendo hácia donde me dice. Ví las galas y libreas, E informado de la causa, Quise, aunque de paso, verlas. Llegamos tarde en efecto, Porque... ESCENA II. DOÑA ÁNGELA, ISABEL, tapadas. — DICHOS. D.ª ÁNG. Si, como lo muestra El traje, sois caballero De obligaciones y prendas, Amparad á una mujer Que á valerse de vos llega. Honor y vida me importa Que aquel hidalgo no sepa Quién soy, y que no me siga. Estorbad, por vida vuestra, A una mujer principal Una desdicha, una afrenta; Que podrá ser que algun dia... ¡Adios, adios, que voy muerta! (Vanse las dos muy aprisa.) COSME. ¿Es dama, ó es torbellino? D. MAN. ¡Hay tal suceso! COSME. ¿Qué piensas Hacer? D. MAN. ¿Eso me preguntas? ¿Cómo puede mi nobleza Excusarse de estorbar Una desdicha, una afrenta? Que, segun muestra, sin duda En su marido. COSME. ¿Y qué intentas? D. MAN. Detenerle con alguna Industria; mas, si con ella No puedo, será forzoso El valerme de la fuerza, Sin que él entienda la causa. COSME. Si industria buscas, espera, Que á mí se me ofrece una. Esta carta, que encomienda Es de un amigo, me valga. ESCENA III. DON LUIS, RODRIGO. — DON MANUEL, COSME. D. LUIS. Yo tengo de conocerla, No más de por el cuidado Con que de mí se recela. RODRIGO. Síguela, y sabrás quién es. (Llega Cosme, y retírase Don Manuel.) COSME. Señor, aunque con vergüenza Llego: vuesarced me haga Tan gran merced, que me lea A quién esta carta dice. D. LUIS. No voy agora con flema. (Detiénele Cosme.) COSME. Pues si flema sólo os falta, Yo tengo cantidad de ella, Y podré partir con vos. D. LUIS. Apartad. D. MAN. (Ap.) ¡Oh qué derecha Es la calle! Aun no se pierden De vista. COSME. Por vida vuestra... D. LUIS. ¡Vive Dios, que sois pesado, Y os romperé la cabeza, Si mucho me haceis...! COSME. Por eso Os haré poco. D. LUIS. Paciencia Me falta para sufriros. ¡Apartad de aquí! (Empújale.) D. MAN. (Ap. Ya es fuerza Llegar. Acabe el valor Lo que empezó la cautela.) Caballero, ese criado (Llega.) Es mio, y no sé que pueda Haberos hoy ofendido, Para que de esa manera Le atropelleis. D. LUIS. No respondo A la duda ó á la queja, Porque nunca satisfice A nadie. Adios. D. MAN. Si tuviera Necesidad mi valor De satisfacciones, crea Vuestra arrogancia de mí, Que no me fuera sin ella. Preguntar en qué os ofende, En qué os agravia ó molesta, Merece más cortesía: Y pues la corte la enseña, No la pongais el mal nombre, De que un forastero venga A enseñarla á los que tienen Obligacion de saberla. D. LUIS. Quien pensare que no puedo Enseñarla yo... D. MAN. La lengua Suspended, y hable el acero. D. LUIS. Decís bien. (Sacan las espadas, y riñen.) COSME. ¡Oh quién tuviera Gana de reñir! RODRIGO. Sacad La espada vos. COSME. Es doncella, Y sin cédula ó palabra, No puedo sacarla. ESCENA IV. DOÑA BEATRIZ, CLARA, con mantos. — DON JUAN Y GENTE. — DICHOS. D. JUAN. Suelta, Beatriz. D.ª BEAT. No has de ir. D. JUAN. Mira que es Con mi hermano la pendencia. D.ª BEAT. ¡Ay de mí triste! D. JUAN. A tu lado (A Don Luis.) Estoy. D. LUIS. Don Juan, tente, espera; Que, más que á darme valor, A hacerme cobarde llegas. Caballero forastero, Quien no excusó la pendencia Solo, estando acompañado, Bien se ve que no la deja De cobarde. Idos con Dios; Que no sabe mi nobleza Reñir mal, y más con quien Tanto brío y valor muestra. Idos con Dios. D. MAN. Yo os estimo Bizarría y gentileza; Pero si de mí, por dicha, Algun escrúpulo os queda, Me hallareis donde quisiereis. D. LUIS. Norabuena. D. MAN. Norabuena. D. JUAN. ¡Qué es lo que miro y escucho! ¡Don Manuel! D. MAN. ¡Don Juan! D. JUAN. Suspensa El alma no determina Qué hacer, cuando considera Un hermano y un amigo (Que es lo mismo) en diferencia Tal, y hasta saber la causa, Dudaré. D. LUIS. La causa es esta: Volver por ese criado Este caballero intenta, Que necio me ocasionó A hablarle mal. Todo cesa Con esto. D. JUAN. Pues siendo así, Cortés me darás licencia, Para que llegue á abrazarle. El noble huésped, que espera Nuestra casa, es el señor Don Manuel. Hermano, llega; Que dos, que han reñido iguales, Desde aquel instante quedan Más amigos; pues ya hicieron De su valor experiencia. Dadme los brazos. D. MAN. Primero Que á vos os los dé, me lleva El valor que he visto en él, A que al servicio me ofrezca Del señor Don Luis. D. LUIS. Yo soy Vuestro amigo, y ya me pesa De no haberos conocido, Pues vuestro valor pudiera Haberme informado. D. MAN. El vuestro Escarmentado me deja. Una herida en esta mano He sacado. D. LUIS. Más quisiera Tenerla mil veces yo. COSME. ¡Qué cortesana pendencia! D. JUAN. Venid al punto á curaros. Tú, Don Luis, aquí te queda Hasta que tome su coche Doña Beatriz, que me espera; Y desta descortesía Me disculparás con ella.— Venid, señor, á mi casa, Mejor dijera á la vuestra, Donde os cureis. D. MAN. Que no es nada. D. JUAN. Venid presto. D. MAN. (Ap.) ¡Qué tristeza Me ha dado que me reciba Con sangre Madrid! D. LUIS. (Ap.) ¡Qué pena Tengo de no haber podido Saber qué dama era aquella! COSME. (Ap.) ¡Qué bien merecido tiene Mi amo lo que se lleva, Porque no se meta á ser Don Quijote de la legua! (Vanse Don Manuel, Don Juan y Cosme.) ESCENA V. DON LUIS, DOÑA BEATRIZ, CLARA, RODRIGO. D. LUIS. Ya la tormenta pasó. Otra vez, señora, vuelva A restituir las flores, Que agora marchita y seca, De vuestra hermosura el hielo De un desmayo. D.ª BEAT. ¿Dónde queda Don Juan? D. LUIS. Que le perdoneis Os pide; porque le llevan Forzosas obligaciones, Y el cuidar con diligencia De la salud de un amigo Que va herido. D.ª BEAT. ¡Ay de mí! ¡Muerta Estoy! ¿Es Don Juan? D. LUIS. Señora, No es Don Juan; que no estuviera, Estando herido mi hermano, Yo con tan grande paciencia. No os asusteis; que no es justo Que sin que él

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