Trecho
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La tarde del 26 de Marzo de 1848[5] hubo tiros y cuchilladas en Madrid entre un puñado de paisanos, que, al expirar, lanzaban el hasta entonces extranjero grito de ¡Viva la República!,[6] el Ejército de la Monarquía española (traído o creado por Ataulfo,[7] reconstituido por D. Pelayo[8] y reformado por Trastamara),[9] de que a la sazón era jefe visible, en nombre de Doña Isabel II,[10] el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de la Guerra, D. Ramón María Narváez...[11]
Y basta con esto de historia y de política, y pasemos a hablar de cosas menos sabidas y más amenas, a que dieron origen o coyuntura aquellos lamentables acontecimientos.[12]
II
NUESTRA HEROÍNA
En el piso bajo de la izquierda de una humilde pero graciosa y limpia casa de la calle de Preciados, calle muy estrecha y retorcida en aquel entonces, y teatro de la refriega en tal momento, vivían[13] solas, esto es, sin la compañía de hombre ninguno, tres buenas y piadosas[14] mujeres, que mucho se diferenciaban entre sí en cuanto al ser físico y estado social, puesto que éranse que se eran[15] una señora mayor, viuda, guipuzcoana, de aspecto grave y distinguido; una hija suya, joven, soltera, natural de Madrid, y bastante guapa, aunque de tipo diferente al de la madre (lo cual daba a entender que había salido en todo a su padre),[16] y una doméstica,[17] imposible de filiar o describir, sin edad, figura ni casi sexo determinables, bautizada, hasta cierto punto,[18] en Mondoñedo, y a la cual ya hemos hecho demasiado favor (como también se lo hizo aquel señor Cura) con reconocer que pertenecía a la especie humana...
La mencionada joven parecía el símbolo o representación, viva y con faldas,[19] del sentido común: tal equilibrio había entre su hermosura y su naturalidad, entre su elegancia y su sencillez, entre su gracia y su modestia. Facilísimo[20] era que pasase inadvertida por la vía pública, sin alborotar a los galanteadores de oficio, pero imposible que nadie dejara de admirarla[21] y de prendarse de sus múltiples encantos,[22] luego que fijase en ella la atención.[23]
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